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domingo, 1 de noviembre de 2009

Buika con Chucho Valdés: El último trago (2009)


Buika bebe con Chavela «El último trago»
Ríe mucho Concha Buika; ríe incluso cuando piensa en el plan de trabajo que tiene por delante, con una exhaustiva promoción y una serie de conciertos de presentación que le van a llevar, en apenas dos semanas, a Santiago, Zaragoza, Madrid, Barcelona, Cartagena y San Sebastián. Tiene motivos para reir la artista, porque su disco de homenaje a Chavela, «El último trago» (Warner) -producido por Javier Limón, su particular Pigmalión, y promovido por Pedro Almodóvar- es un acariciador trabajo que ha recibido ya el respaldo de, entre otros, los críticos del «Times» londinense y del siempre exigente «New York Times». Se grabó en Cuba, y Buika contó con una pareja de lujo: el pianista Chucho Valdés -«el maestro», le llama-, que no puede estar junto a ella en esta gira. «Costó arrancar la grabación -recuerda Buika-, pero cuando empezamos fue una grabación mágica, con una energía que no terminaba de fluir nunca.
Tardamos sólo once horas en grabar el disco». Chavela ha sido siempre un referente artístico para Concha Buika. Al grabar este disco, dice sin embargo, se ha abierto la puerta «a una habitación, a una sala a la que no quería entrar por varias razones. Cantarle a Chavela me ha hecho reabrir capítulos de mi vida en los cuales me sentía víctima, y resulta que ni yo era tan víctima ni el culpable era tan culpable». Con Chavela, añade, tiene en común «la falta de miedo a vivir, a hacerlo bajo nuestras propias reglas; somos conscientes de que si recibimos un garrotazo en la cabeza seguiremos con el pecho bien abierto. Ella descubrió muy pronto que era buena persona... Con una gran mala leche, tremendo carácter, pero muy buena persona. Y eso tiene que latir. También nos une la falta de miedo a contar lo que sentimos, lo que vivimos, lo que somos, lo que soñamos, lo que nos gusta, lo que no...»Se define como una «buscadora de placeres, y tengo un olfato impresionante; soy una gran rastreadora de placeres». La música es un placer, quizás el mayor, que le hace crecer. «Casi todo lo que he crecido yo en esta vida ha sido gracias a escuchar mi música, a confiar en ella y a creer en la música de los demás con fe». Envuelta en los últimos años un creciente éxito, es lógico pensar que se haya multiplicado el número de amigos de Concha Buika. «Eso está muy bien. Estoy muy cansada de escuchar todos esos tópicos tan absurdos: «No son amigos de verdad, cuando desaparece el éxito se marchan»... Y no. ¿Qué tontería es esa? Amigo es todo aquel que durante equis tiempo quiera compartir este momento contigo; es todo aquel que te mira y no te insulta, sino que te escucha y te habla. Da igual si lo ves todos los fines de semana o una vez en la vida».Gracias a este disco, añade Concha Buika, ha dejado de tenerle miedo a la soledad; «hay más soledad entre las malas compañías que en el silencio de un cuarto carente de cacofónicos gemidos».

JULIO BRAVO MADRID

http://afrocubanlatinjazz.blogspot.com/2009/10/buika-el-ultimo-trago-con-chucho-valdes.html

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lunes, 17 de agosto de 2009

Bebo y Chucho Valdés: Juntos para siempre (2008)



“Alguna vez pensé que no volveríamos a vernos y ahora tenemos la oportunidad de estar juntos y poder grabar lo que hacíamos en casa. Quizá sea una recompensa a todos aquellos años de incertidumbre”, declaraba Chucho Valdés a El País en julio de 2007. Antes, Fernando Trueba había reunido a Bebo Valdés con su hijo Chucho en la película Calle 54 y fruto de este reencuentro y de la larga gira que ambos realizan por toda España es Juntos para siempre,
un disco que se publica el 7 de octubre de 2008 y que reúne a dos de los más grandes pianistas latinos de todos los tiempos. Bebo Valdés nació el 9 de octubre de 1918. Chucho el mismo día de 1941. A punto de cumplir 90 y 67 años respectivamente, el mejor regalo de aniversario que se podrían y nos podrían hacer es Juntos para siempre, un disco único y excepcional, impulsado por Calle 54 Records, que comienza con Preludio para Bebo, una composición de Chucho Valdés que se introduce con aire clásico, casi rozando el impresionismo francés, para continuar en terrenos más jazzísticos con claras influencias latinas. Una filigrana que precede a Descarga Valdés, pura latinidad a dos pianos con el virtusiosmo esencial de Chucho Valdés y la esencia virtuosa de su padre Bebo. Un tumbao ondulante y bailable compuesto al alimón, con referencias a clásicos como El manisero y que marca el carácter del álbum, como lo hace el siguiente tema, el clásico Tres palabras. Compuesto por Osvaldo Farrés, toma aire de bolero a dos pianos, interpretado con enorme delicadeza, mientras Rareza del siglo es obra de Bebo y también reúne culturas musicales pianísticas desde el jazz latino al blues.
Tea for Two es un estándar compuesto en 1925 por Vincent Youmans para el musical
No, No, Nanette que han cantado desde Nat King Cole a Anita O’Day pasando por una versión en cha-cha-cha de Tommy Dorsey y otra del pianista Art Tatum. Bebo y Chucho ofrecen una versión saltarina, juguetona, con lugar para la improvisación.
Son de la loma es una composición magistral de Miguel Matamoros que forma parte de la memoria de Bebo y Chucho desde siempre y que, interpretada a dos pianos, se convierte en una obra maestra.
La gloria eres tú (compuesta por José Antonio Méndez y que han cantado desde Pedro Infante y Vicentico Fernández a Luis Miguel y Alejandro Fernández) es otro modelo de latinidad a dos pianos, mientras en A Chucho, Bebo devuelve el homenaje que le hiciera su hijo en
Preludio para Bebo con una pieza a piano solo llena de gracia y swing.
Sabor a mí es otro clásico incuestionable mil veces versioneado (Los Panchos, Los Lobos, Lila Downs, Mina...), obra de Álvaro Carrillo y que Bebo y Chucho alejan del bolero para convertirlo en cha-cha-cha.
Perdido, de Juan Tizol, fue interpretado en 1941 por Duke Ellington y grabado, ni más ni menos, que por Sarah Vaughan, Ella Fitzgerald, Dinah Washington, Art Tatum, Quincy Jones... Una maravilla que en la versión de Bebo y Chucho mantiene un ritmo swingueante con dos pianos que bastan y sobran.
En la recta final del álbum no podía faltar Lágrimas negras, de Miguel Matamoros, un emblema en la carrera de Bebo Valdés que, en compañía de Chucho, vuelve a sonar nuevo, fresco, emocionante.
Y el disco se cierra con La conga del dentista, de Osmany Valdés el dentista de Chucho, porque para acabar, “nada como una conga”, como se puede leer en el libreto del disco. Unas palabras a las que siguen otras que resumen el espíritu de un álbum histórico: “Este disco es un diálogo, un abrazo y también el legado de dos artistas que tuvieron que vivir separados más tiempo del que ambos hubieran querido. En este disco, Bebo y Chucho están ya, por fin, juntos para siempre”.
http://www.docstoc.com/docs/5844583/BIOGRAF%C3%8DA-BEBO-Y-CHUCHO-Juntos-para-siempre-%E2%80%9CAlguna-vez

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